Un derecho educativo transformador

30 septiembre 2011

La escuela actual es en general o conserva en particular una característica autoritaria, jerárquica, no dialogante, poco participativa; tiene una práctica que poco facilita una educación en derechos humanos. Se necesita construir, aunque sea en un proceso lento pero sostenido, una cultura escolar distinta. Esta Escuela debe propiciar una cultura de la comunicación, en donde padres, maestros, docente auxiliar, administrativo y alumnos se integren en espacios de diálogo para expresarse, comprenderse, aclararse, coincidir, disentir y comprometerse con su proceso educativo y desarrollo, tanto personal como social. En esta nueva escuela debe valorarse el saber universal y sistemático, pero a la vez el conocimiento la realidad que tengan los alumnos. Solo en un espacio democrático podemos aprender y vivir para la dignificación del ser humano y el respeto de sus derechos.
Resulta habitual pensar a la escuela como la encargada de formar al ser humano en lo cognitivo o intelectual, en tanto que quedaría reservado para la familia la formación afectiva. Sin embargo, en la actualidad ello se torna discutible, puesto que la persona debe ser formada integralmente y muchas veces la escuela debe asumir también el papel que la familia –por distintos motivos- fue dejando de cumplir.
Surge entonces la necesidad de una educación en valores, que puedan servir a los niños, adolescentes y jóvenes, como referencia para la construcción de su propio proyecto personal de vida, integrándose a las demandas del contexto social y cultural.
La educación en valores se fundamenta en el respeto mutuo del rol del docente, del alumno y de la familia. Requiere las revalorizaciones de la figura del docente y el desarrollo de un código de actuaciones (normas, propuestas de acción) previamente consensuadas y aceptadas.
Para promover una nueva escuela es necesario contar con un Derecho Educativo orientado hacia la equidad y calidad, cuyos objetivos a lograr sean: la educación intercultural, educación en conocimientos y habilidades para la vida, educación para la convivencia y la paz, educación para la equidad y para superar las barreras de aprendizaje en las necesidades educativas especiales.
Como expresara Hans Kelsen: “El Derecho es por esencia un orden para preservar la paz”. La idea de derecho, por lo consiguiente, va unida al concepto de paz de modo que su justificación debe fundarse en el conjunto de instrumentos existentes relativos a los derechos humanos en el orden nacional e internacional.
El derecho por lo tanto, está llamado a ser un actor principal en el desarrollo educativo, y siguiendo al Dr. Fernando Martínez Paz podemos decir que uno de los fundamentos claves de la política educacional es el fundamento jurídico; y que este fundamento junto a las del Derecho Educativo constituyen elementos estratégicos en todo proceso de transformación educativa.
En este punto –como tantos otros- vamos a seguir la doctrina establecida por el prestigioso jurista Dr. Fernando Martínez Paz, cuando entiende que para que el Derecho Educativo pueda cumplir una tarea importante en una política transformadora de la educación, es conveniente tener en cuenta los siguientes presupuestos y tareas:
a) Que al Derecho Educativo se lo considere como un complejo normativo abierto que responda a las necesidades de una sociedad en transformación y en busca de nuevos modelos culturales, entre ellos los jurídicos-educativos. Es preciso superar, entonces, las concepciones que ven en el derecho un sistema jurídico cerrado y sin posibles contactos con la realidad.
b) Que el Derecho Educativo forme parte del proceso social global, en el que la educación tiene un papel estratégico, y no sea una “legislación escolar” fragmentaria, interesada solo en responder a las cuestiones o conflictos internos de las instituciones educativas. Se trata de no identificar al derecho con los procesos de gestación de leyes aisladas, que suelen ser un obstáculo para los cambios y el desarrollo de la educación y los sistemas escolares.
c) Que el Derecho Educativo forme parte del mundo jurídico multidimencional, considerado como una red de relaciones complejas que se desprende de la relación básica “hombre-sociedad-cultura-derecho”. En el caso del Derecho Educativo, también son elementos clave los fundamentos antropológicos, sociales, culturales, éticos, y jurídicos de la política educacional, por cuanto configuran una relación específica entre el derecho y la educación.
d) Que sea el complejo de normas que regule los procesos educativos y sus instituciones, pero inserto en un mundo jurídico dinámico, coherente y vital, donde se reconozcan los derechos fundamentales (derechos humanos) en materia educativa a los padres, a los docentes, a los alumnos y al Estado.
e) Que este complejo normativo sea un derecho configurador de espacios sociales y políticos de libertad para la iniciativa y la participación creadora, no solo un instrumento coactivo de control social. Es decir, que ofrezca garantías reales a las libertades jurídicamente protegidas –que no siempre se conocen o utilizan- y que identifiquen con claridad las necesidades sociales que debe satisfacer y los derechos que garantiza.
f) Que desempeñe con eficacia su tarea social legitimadora organizando el poder social de la educación, distribuyendo el poder de decisión (político, económico y jurídico), fijando reglas de competencia, otorgando atribuciones y garantizando la justicia y la libertad.
g) Que se valore al Derecho Educativo como uno de los factores clave del cambio educativo, para lo cual es necesario rechazar dos concepciones. En primer término, la idea mítica de la ley, según la cual su mera promulgación produce un cambio educativo; es una idea que aparece unida a alguna tradición de la “legislación escolar” y de la política jurídica argentinas. Y segundo lugar, aquella que cree que las normas jurídicas no son instrumentos idóneos y eficaces para promover o acelerar los cambios sociales.
h) Que se tengan en cuenta sus importantes responsabilidades sociales, por cuanto configura y garantiza nuevas condiciones de vida. El derecho no solamente regula la conducta en situaciones existentes en la realidad, sino que también crea proyectos de convivencia capaces de organizar el futuro y orientar las expectativas, las actitudes y los comportamientos.
i) Por último, que todos estos presupuestos y tareas estén apoyados en una ética jurídica configurada por el conjunto de principios, valores y criterios éticos-jurídicos articulados de una manera práctica y eficaz con las situaciones históricas concretas y con los complejos problemas de las sociedades contemporáneas.
Para determinar el valor y la importancia del Derecho Educativo en el mundo jurídico de hoy el Dr. Fernando Martínez Paz –con su visión extraordinaria- expresa que la voluntad ética que anima al derecho debe entenderse como una fuerza social que lucha por las justicia y que debe culminar con el reconocimiento jurídico de todos los principios y derecho humanos para todos los pueblos y que no debe ser concebido como una fuerza simplemente individual.
Para terminar con este punto sobre la importancia actual del Derecho Educativo, no hacemos eco de lo aconsejados por este prestigioso doctrinario respecto a la necesidad imperiosa de incorporar al currículum de las instituciones educativas el fundamento jurídico, en el que se aborden la reflexión, el análisis y la investigación sobre el significado del Derecho Educativo como uno de los elementos estratégicos para la construcción de un mundo jurídico complejo y multidimensional.


del III CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO realizado en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México,

20 junio 2016

EL DERECHO EDUCATIVO CONCRETÓ UN PASO FUNDAMENTAL Y FUNDACIONAL

En el marco del III CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO realizado en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, se concretó la creación de la RED INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO ASOCIACIÓN CIVIL (RIIDE A. C.).

Este hecho trascendente e histórico, constituye para el Derecho Educativo un paso fundamental y fundacional en su desarrollo académico.

Esta persona jurídica fue constituida bajo el amparo de las leyes de los Estados Unidos Mexicano, según consta en instrumento notarial número un mil ochenta y tres, volumen veintidós, otorgada el día veintiuno del mes de octubre del año dos mil quince, ante la fe del Doctor en Derecho: Marco Antonio Besares Escobar, Notario Público número Ciento Trece del estado de Chiapas México.

La flamante persona jurídica de Derecho Educativo tiene como objeto social crear espacios y acciones de investigación, intercambio de experiencias, formación profesional y desarrollo de proyectos entre personas físicas e instituciones para el conocimiento, investigación y difusión del Derecho Educativo.

También es su objetivo fortalecer y consolidar a la Asociación como uno de los actores principales para el desarrollo de la dimensión internacional del Derecho Educativo.

Para ello, sus integrantes se comprometen a desarrollar la investigación, consultoría, asesoría y docencia del Derecho Educativo; estableciendo vínculos profesionales con instituciones públicas o privadas, tanto nacionales como extranjeras, que tengan entre sus actividades la impartición de educación en los distintos niveles.

Debe organizar eventos que fomenten el intercambio de conocimientos y experiencias, diseñar, elaborar, integrar, gestionar, operar y evaluar planes, programas y proyectos de formación, capacitación y enseñanza del Derecho Educativo.

He tratado de resumir a los fines ejemplificativo los cuarenta y siete puntos que tiene como objeto social, esta novel y dinámica Asociación Civil de carácter internacional que busca el desarrollo y el conocimiento del Derecho Educativo en el mundo.

En mi condición de Asociado de la RED INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO ASOCIACIÓN CIVIL, se me facultó para que a su nombre y representación realice los fines sociales de la organización, así como para poder formar la Delegación de la Red en la República Argentina.

Dicho Nombramiento esta refrendado por el flamante Presidente del Consejo Directivo: Dr. Andrés Otilio Gómez Téllez  y por la Secretaria del Consejo Directivo: María de los Ángeles González Luna.


LAS NORMAS DE CONVIENCIA COMO SOPORTE AMBIENTAL

12 mayo 2012

INTRODUCCION:
La sociedad se rige por un sistema de reglas que permite a hombres y mujeres convivir. Dichas reglas expresan los valores de la gente y explican sus conductas.
Mas de treinta años han transcurrido desde la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, donde el Principio 19 de la Declaración Política de esa significativa reunión, recomienda impulsar procesos educativos sobre el medio ambiente, escolares y no escolares y dirigidos a todos los sectores y grupos de población para fomentar una toma de conciencia crítica sobre los problemas del medio y actuar en consecuencia.
Uno se sigue preguntando por qué la educación ambiental continúa teniendo un lugar tan poco importante dentro de las Escuelas.
No se ha tenido en cuenta hasta el presente su profunda dimensión social, es decir, cívica, de formación de ciudadanía, de participación en los acontecimientos que nos afectan todos los días.
La educación ambiental es un puente natural para construir normas de convivencia que permita vivenciar día a día el proceso de cuidado del planeta.
El tema ecológico representa un gran potencial para favorecer el vínculo entre la escuela y la sociedad. No sólo por tratarse de un tema de creciente importancia en la vida contemporánea, sino para promover compromisos para participar en el cambio social, mediante el desarrollo de competencias para la acción responsable, utilizando las normas de convivencia como el eje motor para conseguir la concientización de la Comunidad Educativa.
Es preciso que el Derecho Educativo en la escuela nos ayude, por medio de la creación de normas de convivencia, a repensar nuestros hábitos y costumbres cotidianos, tanto en lo individual como en lo colectivo, para remodelar nuestras actitudes y comportamientos en tanto sujetos individuales como organizacionales e institucionales.
Las personas aprenden lo que viven y eso exige un mínimo de congruencia entre lo que el Derecho Educativo prescribe por medio de las normas de convivencia y lo que hacemos, pensamos, sentimos y aprendemos diariamente con la práctica de las mismas.
Hay que construir un plan de mejora continua de la calidad de las instituciones educativas, a partir de comprometer a los distintos integrantes de la Comunidad Educativa en la toma de decisiones sobre los asuntos ambientales por medio de los acuerdos de convivencia.
La educación ambiental, debe ser concebida como educación cívica para la formación de ciudadanía; como una educación que implique buscar una mejor relación con el ambiente, pero en el marco de una mejor relación de convivencia entre los integrantes de la comunidad escolar.
Se deberá entender que la educación es formadora de valores y competencias para una sana relación con el ambiente, y que esta educación debe estar plasmada en las normas de convivencia escolar.
La finalidad de los acuerdos será cambiar hábitos e introducir una nueva cultura de convivencia en la vida escolar.
Se debe capacitar a los docentes que encuentren dificultades para relacionar al medio ambiente con los contenidos de la materia que imparten.

LA IMPORTANCIA DEL MEDIO AMBIENTE
El medio ambiente es de vital importancia para los pueblos. En consecuencia, el ser humano tiene que aprender y practicar conductas para conservar ese medio, para aprovecharlo sin destruirlo. Debe conocer cómo mejorar su potencialidad como fuente de recursos, sin crear un daño irreparable.
Esto puede ser plasmado en las normas de convivencia escolar en cuatro actitudes fundamentales:
a) Entender la relación entre la degradación del medio ambiente y las formas actuales de trabajarlo.
b) Conocer su propio entorno y tomar conciencia de lo que significa vivir en armonía con él.
c) Incorporar a la vida cotidiana actitudes positivas respecto del mismo.
d) Ser capaces de utilizar los recursos en una forma adecuada, sin degradar el medio ambiente.

Lo primero es llevar a tomar conciencia de que el deterioro ambiental se debe en mayor medida a las actividades humanas.
Las normas deben resaltar la importancia de promover el desarrollo de valores y actitudes indispensables para la acción desde la escuela.
Se debe reconocer que la participación en la creación de las normas es una opción para atender los problemas ambientales de la comunidad.
Para formalizar los acuerdos de convivencia se debe realizar un análisis de lo que está sucediendo en la escuela; el papel del docente en el aula; el tipo de aprendizaje promovido entre los alumnos; la participación de la comunidad escolar y de los padres de familia, así como las condiciones del ámbito escolar como factor para promover un ambiente ecológico.

ALGUNOS ASPECTOS ECOLOLOGICOS A CONSIDERAR EN LAS NORMAS
La importancia del agua y su uso, y también proponer estrategias para su ahorro y reutilización.
Identificar y anotar los problemas de contaminación del aire que ocurren en su escuela y localidad, tomar en cuenta todo tipo de situaciones: emisiones industriales o de vehículos, presencia de polvo u otros tipos de partículas suspendidas, contaminación biológica, entre otros y proponer acciones para su eliminación.
Evitar las causas de degradación del suelo.
Promover y fomentar en la escuela una cultura ecológica y forestal participativa para preservar e incrementar las superficies arboladas y de pastizales.
Si es posible en la escuela, disponer la construcción de un vivero en donde se apliquen técnicas apropiadas para la producción de planta sana y vigorosa. La producción de plantas puede iniciarse con semillas recolectadas en ambientes naturales.
Determinar en las normas de convivencia que se puede hacer de manera individual y grupal para mejorar las condiciones del aula de clases, la escuela, la casa y la comunidad.
Disponer el control de la energía que se utiliza diariamente y de la basura que se origina en la escuela y la eliminación inadecuada de desechos.

CONCLUSION
En síntesis los acuerdos de convivencia sobre la ecología ambiental deben desarrollar en cada integrante de la Comunidad educativa una ética o normas de comportamiento que lo lleve a:
a) Trabajar por el desarrollo y el uso adecuado de los recursos naturales, evitando o reduciendo la destrucción y contaminación.
b) Buscar el mejoramiento de la calidad de vida para todos, erradicando la pobreza, el hambre, el analfabetismo y la explotación y dominación humanas.
c) Rechazar el desarrollo y crecimiento económicos de una nación a costa de la destrucción y degradación de otra, y el consumo despilfarrador de una minoría a costa de las privaciones de la mayoría.
d) Utilizar la tecnología para la supervivencia de la humanidad alargo plazo.
e) Tener en cuenta las necesidades de las futuras generaciones, cuidando todos los recursos.
Por medio de la participación en los acuerdos de convivencia debemos lograr llevar la educación ambiental más allá del conocimiento (conciencia y comprensión), la formación de valores y actitudes.
En definitiva debería interesarles a los integrantes de la Comunidad Educativa como un proceso activo para reducir y resolver los problemas en contextos reales y específicos; y debería fomentar en el ámbito escolar la iniciativa, el sentido de la responsabilidad y el empeño de edificar un mañana mejor.


La participación de la Comunidad Educativa

4 abril 2012

El plan de Derecho Educativo para convivencia (PDECE) deberá contar con estructuras de participación desde el aula tanto de los alumnos como de las familias que podrían disponer de delegados y de juntas de delegados que coordinaran con los docentes la tarea que finalmente gobierna la comisión de convivencia y ejecuta el equipo directivo.

         La autoformación y formación diseñada que debe desarrollarse en estos momentos podría recoger experiencias de formación conjunta entre profesionales docentes, familias y alumnos, elegidos democráticamente o por un proceso de implicación voluntaria.

        Esa tarea de formación comunitaria y los contactos cotidianos a través de estructuras estables como por ejemplo:

–      Comisión de gestión de la formación,

–      Comisión de estudios jurídicos de normativas de convivencia,

–      Comisión de investigación en valores y correcciones  rehabilitadoras,

–      Comisión de competencia social y mediación.

        Esta participación en las comisiones une y compromete con procesos de desarrollo del plan.

                        Debemos convenir un reparto de roles y responsabilidades en las aulas para prevenir la disrupción y consolidar un currículo más democrático, será en cada apartado y momento del plan cuando se haga ostensible el nuevo papel de los alumnos y de las familias junto a los docentes, que han de ser interrogados por la valoración de la experiencia y sus avances para asegurar su compromiso con ellas.

        Este proyecto sobre la participación escolar ha de ser vivida como una experiencia concreta de participación y desarrollo de actitudes y relaciones democráticas. Profundizar en este valor de nuestra educación, por lo tanto, equivale a perseguir una educación de calidad para todos los ciudadanos y ciudadanas, en la que han de participar y comprometerse los distintos sujetos de la comunidad escolar.

        Nuestras leyes y normativas, pues, instauran y regulan el principio de participación como uno de los valores educativos fundamentales, pero, no basta que hayan, en suma, estructuras y mecanismos de participación ya que todavía necesitamos profundizar en una cultura genuina de participación y profundización democrática en el funcionamiento y los resultados de nuestras instituciones escolares.

        No sólo es preciso que haya estructuras y prácticas de participación, sino que los sujetos implicados y comprometidos con las mismas, los contenidos que aborden, las condiciones e implicaciones que todo ello pueda tener, ocurran de modo efectivo bajo la inspiración de esas dos referencias fundamentales, a saber, educar para la democracia y vivir la democracia.

El plan de Derecho Educativo para convivencia (PDECE) deberá contar con estructuras de participación desde el aula tanto de los alumnos como de las familias que podrían disponer de delegados y de juntas de delegados que coordinaran con los docentes la tarea que finalmente gobierna la comisión de convivencia y ejecuta el equipo directivo.

         La autoformación y formación diseñada que debe desarrollarse en estos momentos podría recoger experiencias de formación conjunta entre profesionales docentes, familias y alumnos, elegidos democráticamente o por un proceso de implicación voluntaria.

        Esa tarea de formación comunitaria y los contactos cotidianos a través de estructuras estables como por ejemplo:

–      Comisión de gestión de la formación,

–      Comisión de estudios jurídicos de normativas de convivencia,

–      Comisión de investigación en valores y correcciones  rehabilitadoras,

–      Comisión de competencia social y mediación.

        Esta participación en las comisiones une y compromete con procesos de desarrollo del plan.

                        Debemos convenir un reparto de roles y responsabilidades en las aulas para prevenir la disrupción y consolidar un currículo más democrático, será en cada apartado y momento del plan cuando se haga ostensible el nuevo papel de los alumnos y de las familias junto a los docentes, que han de ser interrogados por la valoración de la experiencia y sus avances para asegurar su compromiso con ellas.

        Este proyecto sobre la participación escolar ha de ser vivida como una experiencia concreta de participación y desarrollo de actitudes y relaciones democráticas. Profundizar en este valor de nuestra educación, por lo tanto, equivale a perseguir una educación de calidad para todos los ciudadanos y ciudadanas, en la que han de participar y comprometerse los distintos sujetos de la comunidad escolar.

        Nuestras leyes y normativas, pues, instauran y regulan el principio de participación como uno de los valores educativos fundamentales, pero, no basta que hayan, en suma, estructuras y mecanismos de participación ya que todavía necesitamos profundizar en una cultura genuina de participación y profundización democrática en el funcionamiento y los resultados de nuestras instituciones escolares.

        No sólo es preciso que haya estructuras y prácticas de participación, sino que los sujetos implicados y comprometidos con las mismas, los contenidos que aborden, las condiciones e implicaciones que todo ello pueda tener, ocurran de modo efectivo bajo la inspiración de esas dos referencias fundamentales, a saber, educar para la democracia y vivir la democracia.


LAS NORMAS DE CONVIVENCIA EN EL PDECE

23 marzo 2012

El Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar se propone cambiar las normas escolares rígidas y autoritarias, por normas de convivencia basadas en el sentimiento del amor por el otro, en lograr el bien común y la formación en valores de toda la comunidad educativa.

Las normas deben contener en su esencia las tramas de sentimientos, y emociones que se generan y cultivan en la comunidad escolar, deben servir para regular la base de la afectividad humana, no se pueden concebir las normas como un herramienta para lograr el clima ideal del aprendizaje, esto lleva a sobredimensionar el régimen disciplinario, sino por el contrario las normas deben servir como una manera de aprender a convivir con el otro por medio del afecto mutuo.

Las normas deben representar el canal conductor de los sentimientos hacia uno mismo, hacia los otros, hacia la escuela y hacia la sociedad, deben ser el muestrario de los buenos sentimientos generados y desarrollados entre todos los integrantes de la comunidad educativa.

Las normas de convivencia escolar deben tener la capacidad de motivarnos y de regular adecuadamente las relaciones que tenemos con los otros integrantes de la comunidad educativa.

La nueva escuela debe asumir el compromiso no solamente de enseñar conocimiento, sino también enseñar a ser y a relacionarse por medio del las normas de convivencia escolar. Para ello debe enseñar a toda la comunidad educativa a convivir en sociedad, aprender a respetarse a sí mismo y a respetar a los demás, ejercitando la solidaridad y compasión con los más desfavorecidos.

Las normas de convivencia deben evitar –en lo posible- toda disposición de vigilancia, amenaza y/o castigo, y apelar a la concientización de cada individuo sobre el respeto mutuo para la efectividad de su cumplimiento.

Cada escuela es única, diferente, por lo que debe concebir sus propias normas, que contengan sus particularidades y su cultura regional, que sea fruto de su historia y que contenga las peculiaridades de su gente y de su entorno.


EL DERECHO EDUCATIVO Y SUS PILARES FUNDAMENTALES

28 febrero 2012

La nueva visión del Derecho Educativo descansa sobre los siguientes pilares fundamentales:
1) Legitimación del derecho usando la escuela como laboratorio social.
2) Formación ciudadana democrática para todos los integrantes de la comunidad educativa.
3) Creación de normas de convivencia escolar basadas en valores fundamentales y no negociables; reconocidos internacionalmente.
4) Práctica diaria de la Cultura de Paz.
5) El reconocimiento constante del “otro”, con empatía y sin discriminación alguna.
6) La participación permanente y continua de toda la comunidad educativa.
7) La creación y práctica de normas educativas basadas en un derecho abierto y en continuo cambio.
8) Una vida escolar comunitaria que garantice la igualdad, la libertad, la justicia, el pluralismo, a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad educativa.
9) La defensa de los valores culturales locales, frente a la globalización.
10) El permanente sostenimiento de todos los derechos humanos reconocidos internacionalmente.
11) La protección de las niñas, niños y adolecentes como sujetos integrante principales de la comunidad escolar.
12) Una disciplina escolar basada en la concientización de los actores sobre el bien común.
13) La aplicación de una justicia integradora y no sancionadora.
14) Una organización escolar estructurada en la participación e integración fraternal de todos los integrantes de la comunidad escolar.


EL DERECHO EDUCATIVO EN EL CAMBIO DE PARADIGMA ESCOLAR

16 febrero 2012

Las características de los niños y niñas de hoy, no solamente denotan cambios en su excelente capacidad cognitiva, sino que también han transformado sus percepciones en todos los ámbitos, destacándose su agudo nivel de empatía y la posesión de una sorprendente apertura psíquica y espiritual, cambios que no son canalizados correctamente a nivel familiar ni escolar

I.- Otros niños, otra pedagógica, otro derecho

Es por ello, que hoy se necesita más que nunca, de una capacitación especial de padres y profesores; esta capacitación debe realizarse en forma urgente en la propia escuela, por medio de la práctica diaria de la convivencia, basada esta, en normas que contengan los valores fundamentales y que sean creadas, reformadas y aceptadas por toda la Comunidad Educativa, mediante su efectiva participación democrática.
El derecho debe acompañar a la nueva escuela, como instrumento principal de las interrelaciones subjetivas, acomodando su perfil en el nacimiento de una nueva humanidad, en la creación de un nuevo derecho, que acomode sus normas de convivencia a características especiales basadas en la expresión del sentimiento y no en su represión, normas de conducta cuya motivación sea el cimiento de la solidaridad y el amor; y no la competencia, la confrontación y la agresión.
Los fines a conseguir por medio de las normas del nuevo derecho deben ser el bien común, la ética, y la paz, erradicando definitivamente todo objetivo egoísta, dañino e inmoral de la Comunidad educativa y por lógica de la unidad escolar.
John White, miembro de la Asociación Antropológica Americana plantea que: “Se está perfilando una nueva humanidad, que se caracteriza por una psicología ya modificada”; eso se trasluce en que tenemos en nuestra casa y/o en el aula, a un niño/a cuyo aparato sensorial y emocional ya es más sensible; por lo que es capaz de percibir espectros energéticos y cognitivos que a veces el mismo adulto no percibe. Es por esto, que el mencionado investigador habla de un giro de la humanidad en su conjunto y lanza la posibilidad de la aparición del Homo Noeticus, el hombre de conciencia.
Es basada en estas transformaciones que proponemos que el Derecho Educativo elabore en cada ámbito escolar un programa especial que denominamos “Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (P.D.E.C.E.)” con el objeto de activar diariamente la concientización de la Comunidad Educativa y tendiente a que la misma elabore y experimente sentimientos y pensamientos propios basados en valores genuinos, que conformen normas de convivencia sostenidas por el deseo del bien común y dirigidas a privilegiar la cultura de paz; y que su realización se formalice por medio de la aceptación de todos y el deseo ferviente de no querer imponerle al otro sus razones, sino que las normativas se basen en el respeto a los sujetos que integran el ámbito escolar y comunitario.
Es decir que si llegamos a la conclusión de que las características de los niños/as de hoy, no son solamente sus altas capacidades cognitivas, sino que contemplamos también sus amplias percepciones en todos los ámbitos, sus agudo nivel de empatía y sus sorprendentes aperturas psíquicas y espirituales.
Al mismo tiempo observamos una capacidad que los hace capaz de comprender y experimentar los sentimientos y pensamientos de los otros; sorprendiéndonos que puedan ver los diferentes aspectos de una misma cosa y también el contenido multidimensional de la misma, ha llegado el momento de pensar y concebir una pedagogía nueva destinada a ayudar al educando a desplegar una motivación solidaria y amorosa, no competitiva ni agresiva, al mismo tiempo que logre un sentido de identidad inclusiva-colectiva, no aislada-individual y también aptitudes que sostengan propósitos benevolentes y éticos, eliminando en las escuelas aquellas conductas dañinas, violentas e inmorales.
Es precisamente a esa “nueva pedagogía”, a la que debe apuntalar el derecho en las escuelas, formando normas de convivencia basadas en principios y valores no negociables, que surjan de una Comunidad Escolar consustanciada por una visión especial del Derecho Educativo, y lograda mediante el desarrollo del plan especial que venimos propiciando en nuestros documentos.

II.- La transformación del Derecho y la Escuela El Derecho Educativo emplea a la escuela como un laboratorio social, para procurar la legitimación del derecho; y la escuela debe emplear al derecho para concientizar a toda la Comunidad Educativa –no solamente a los alumnos- de una participación democrática activa en la conformación y aplicación de las normas de convivencia escolar.
Pero para lograr este objetivo, primero el derecho debe ser transformado en su visión y concepción.
El derecho debe dejar de ser represivo, basado en el miedo al castigo para lograr su cumplimiento. Precisamente el derecho fue perdiendo legitimidad y consenso en la sociedad, a medida que los preceptos impuestos querían manipular la conducta de las personas, por medio de la sanción o el soborno, produciendo en ellas una resistencia, al ser obligados a obedecer una disposición autoritaria, impuesta por otros sujetos, sin su participación ni aceptación, y que tampoco se basaba en valores fundamentales ni estaban destinadas al bien común.
El derecho en el laboratorio escolar debe ser conformado y aceptado por todos los integrantes de la Comunidad Educativa, que tiene necesariamente que participar y tener conciencia plena de que las normas de convivencia que se pone en vigencia en el ámbito escolar, deben ser respetada por su perfil especial, y que la mismas tienden a lograr, el bien común de todas y cada uno, de los sujetos que integran la comunidad escolar.
Si como expresamos anteriormente la “nueva humanidad” no se va a conformar en un Homo Sapiens, sino en un Homo Noeticus (hombre de conciencia); debemos trabajar para lograr que el nuevo derecho se base en la conciencia de su acatamiento y no en el cumplimento por miedo a la sanción.
Para poder lograr esta transformación del derecho debemos estructurar u plan especial (P.D.E.C.E.), para implementar en las escuelas la formación futura de una Comunidad Educativa concientizada en hábitos de aceptación y respeto por el otro y de confianza en solucionar sus diferencias por medio de la negociación, escuchando y comportándose como una persona que sabe estimular al prójimo y dar amor.
Para conseguirlo, lo primero es organizar el ámbito escolar de tal forma que todos y cada uno de los integrantes de la Comunidad Educativa puedan participar de la actividad diaria escolar, involucrándose en la misma, interesándose por el centro escolar, y que cada integrante de esa comunidad, docentes, alumnos, padres, no docentes, ex alumno etc.; esté preparado para comprender que lo único valedero para alcanzar los objetivos de bien común es conseguir vencer los obstáculos que se presenten por medio de la negociación permanente y continua.
También es necesario consignar que para lograr trasformar nuestra conducta actual, debemos comprender y practicar concientizarnos que es necesario eliminar hábitos de culpar al otro, de quejarse, de criticar, de insistir, de amenazar, de castigar o sobornar al prójimo. Estos malos hábitos lo debemos trasmutar por hábitos de aceptación y estimulación de los otros integrantes de la comunidad escolar; debemos aprender a escuchar al otro y respetar sus ideas, no discriminando y apoyando el bien común y confiando siempre que podremos solucionar nuestras diferencias por medio de la mediación.
Todo estos hábitos deben estar aprendidos y practicados, formando una conciencia clara en todos los integrantes de la Comunidad Educativa, antes de que se plasme el nuevo derecho en las normas de convivencia escolar, con la participación y aceptación de todos y cada unos de sus integrantes.

III.- Conclusión Es nuestra propuesta que el derecho se emplee en la escuela como un soporte principal de cambio de conciencia y hábitos destinados a formar una nueva humanidad, lejos de los vicios actuales que desencadenan violencia y frustración en la comunidad mundial.
Es nuestro anhelo que este plan de cambio en la pedagogía y en el Derecho Educativo se lleve a cabo en todas las comunidades y escuelas, realizándose talleres y cursos de perfeccionamiento, cuyos objetivos sean la concientización de los docentes, padres y adultos de la necesidad del cambio y la transformación, para lograr en definitiva que por medio de la escuela se permita en forma inmediata que los nuevos niños/as se les brinde una educación acorde a su alta sensibilidad física y emocional, atendiendo en forma especial su aspecto social, ético y espiritual.


CAPACITAR EN ACUERDOS DE CONVIVENCIA

8 febrero 2012

El Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (P.D.E.C.E.), es el proceso formativo, continúo y permanente que fundado en valores pretende desarrollar una cultura escolar que ayude a los sujetos de la comunidad educativa a crear normas de convivencia idónea para afrontar los conflictos escolares y resolverlos de forma pacífica y justa.
Se propone cambiar las normas escolares rígidas y autoritarias, por normas de convivencia basadas en el sentimiento del amor por el otro, en lograr el bien común y la formación en valores de toda la comunidad educativa.
Las normas deben contener en su esencia las tramas de sentimientos, y emociones que se generan y cultivan en la comunidad escolar, deben servir para regular la base de la afectividad humana, no se pueden concebir las normas como un herramienta para lograr el clima ideal del aprendizaje, esto lleva a sobredimensionar el régimen disciplinario, sino por el contrario las normas deben servir como una manera de aprender a convivir con el otro por medio del afecto mutuo.
Las normas deben representar el canal conductor de los sentimientos hacia uno mismo, hacia los otros, hacia la escuela y hacia la sociedad, deben ser el muestrario de los buenos sentimientos generados y desarrollados entre todos los integrantes de la comunidad educativa.
Las normas de convivencia escolar deben tener la capacidad de motivarnos y de regular adecuadamente las relaciones que tenemos con los otros integrantes de la comunidad educativa.
La nueva escuela debe asumir el compromiso no solamente de enseñar conocimiento, sino también enseñar a ser y a relacionarse por medio del las normas de convivencia escolar. Para ello debe enseñar a toda la comunidad educativa a convivir en sociedad, aprender a respetarse a sí mismo y a respetar a los demás, ejercitando la solidaridad y compasión con los más desfavorecidos.
Las normas de convivencia deben evitar –en lo posible- toda disposición de vigilancia, amenaza y/o castigo, y apelar a la concientización de cada individuo sobre el respeto mutuo para la efectividad de su cumplimiento.
Cada escuela es única, diferente, por lo que debe concebir sus propias normas, que contengan sus particularidades y su cultura regional, que sea fruto de su historia y que contenga las peculiaridades de su gente y de su entorno.
El derecho en la escuela se viste de normas de convivencia para lograr una cultura de paz, y busca dar un salto espiritual que lo transforme en herramienta indispensable del contrato social de la comunidad educativa para vivir en armonía en la escuela y en la sociedad.
Para ello debemos estar dispuesto a recrear la comunidad educativa de una nueva forma, con nuevos acuerdos basados en valores olvidados que permitan acuerdos entre los miembros que conforman la comunidad escolar que reflejen comprensión sobre la necesidad de abandonar la competencia y la lucha, y reemplazarla por paz y armonía.
Los nuevos acuerdos a lograr en la comunidad educativa deben producir normas de convivencia que lleven a la escuela y a la sociedad a dar un salto gigantesco desde donde está ahora –sumida en la violencia- y llevarla hacia una sociedad altamente evolucionada. Para lograrlo debemos plantearnos un plan que con pequeños pasos dados día tras día, nos lleve a la transformación deseada.
Las llamadas Escuelas de padres y madres (que muy bien podrían convertirse en
Escuelas de la Comunidad Educativa) tienen en sí mismas un germen de formación que puede extender sus efectos a toda la escuela.
Son excelentes medios de formación y actualización. Los padres y madres que acuden a ellas dan a los hijos un ejemplo de actitud positiva hacia el aprendizaje. Todos somos educables, en todos los aspectos y en todos los momentos de la vida.
La participación, solidaridad y compañerismo; el descubrimiento del otro, su reconocimiento y respeto en lo que sea debido, así como la discrepancia y crítica constructiva; el distribuirse responsabilidades en proyectos conjuntos y dar cuenta de las mismas, o la capacidad de valorar los comportamientos propios y ajenos a la luz de los valores propios de una ciudadanía democrática, deben fundamentarse en todos los saberes escolares que amparan esas normas de la vida en común y, al tiempo, ser vividos en la trama de relaciones y experiencias del currículo escolar, la vida en la escuela, desde la tutoría, por poner un caso, hasta en los patios de recreo, las relaciones entre profesores y alumnos y las de los alumnos entre ellos mismos, las relaciones y dinámicas de trabajo dentro de la escuela y también en sus alianzas con las familias, la comunidad y el entorno.
Se trata de una forma de concretar el aprendizaje dialógico, que es el que resulta de las interacciones que produce el diálogo igualitario, esto es, un diálogo entre iguales, para llegar a consenso, con pretensiones de validez.
El concepto pasivo que existía de gobernabilidad y democracia obviaba el efecto cambiante del contexto actual. Hoy en día, la participación activa de los ciudadanos es no sólo posible, sino también deseable como elemento imprescindible para la democracia y de refuerzo de dicha gobernabilidad. No es posible una comunidad abierta, sin individuos reflexivos y autónomos, críticos y constructivos, pues sólo de ese modo puede hacerse posible su transformación.
Es preciso, entonces, la formación de los ciudadanos en aquel conjunto de virtudes y carácter (hábitos) que hacen agradable (además de posible) la vida en común. Cabe considerar, si no como valor superior en una escala, sí como base práctica de los restantes, el comportamiento “cívico”. Contribuir a la formación de ciudadanos es considerar como objetivo de la educación capacitar a los futuros ciudadanos, conjuntamente, tanto a ser individuos autónomos (“aprender a ser”), para orientarse de modo propio en la esfera pública; como a vivir con aquellas virtudes cívicas necesarias para asumir y profundizar la democracia (“aprender a vivir juntos”), que señala el Informe Delors. Una capacidad propia de juicio debe conjugarse con unos marcos comunes, propios de la identidad comunitaria, que conduzcan a solidarizarse, compartir y colaborar.
Este aprendizaje debe hacerse desde las múltiples posibilidades que ofrece la escuela y el entorno familiar y social: debe presidir la definición y puesta en práctica de los proyectos educativos del establecimiento escolar debe trabajarse en todas las actividades y, desde luego, en todas las áreas y materias. Debe estar presente dentro del recinto escolar y en el entorno que rodea a la escuela y en él debe participar el conjunto de la comunidad. Toda la sociedad tiene que intervenir en la puesta en marcha del proceso de implantación de estos aprendizajes, comenzando por todos los miembros de la comunidad educativa, hasta alcanzar a las familias y los municipios.