EL DERECHO EDUCATIVO CULTIVA EL SER

27 julio 2019

La escuela debe cultivar nuestro “SER”, enseñando a los alumnos a revisar sus sistemas de creencias, que fueron incorporados a sus vidas, y no contribuir a inculcar nuevas creencias, como sucede con la educación en la actualidad.

En la primera infancia se desarrolla un proceso en el cual incorporamos, ideas, frases, dichos y creencias que provienen de nuestros padres, de los medios de comunicación, de la escuela y de la sociedad.

El “SER” es una semilla que si se la cuida debidamente, va a florecer entregándonos una persona que despertará sus talentos y nos entregará sus dones para el beneficio de la sociedad.

Tenemos que acompañar esa semilla, que está adentro de cada educando, a crecer y consolidarse en la escuela, ayudando a desaprender todas aquellas creencias que fueron impuestas al alumno por sus mayores.

Dejar afuera la culpa que nos impusieron como creencia es una de las principales acciones que debemos llevar a cabo en nuestra condición de maestros o padres. Dejar de culpar al afuera y enseñarle a mirar hacia dentro tomando responsabilidades, es una nueva misión de la escuela.

La educación de hoy no le enseña a sus alumnos a gestionar su mundo mental en la vida, apaciguar la mente en momentos de turbulencia, a gestionar sus emociones y que aprendan a no tener miedo y a aceptar los cambios.

El sistema educativo vigente se manifiesta como un molde para formar al ser humano; se observa que es un recipiente que siempre nos dará la misma forma, la misma proporción, el mismo tamaño.

La educación de hoy está diseñada para ser un elemento de control y dominación; un sistema de adoctrinamiento.

Tenemos que transformar esa educación que nos somete y nos lleva a comparar y clasificar a los educandos en buenos y malos, el sistema educativo está basado en la competencia, tenemos a los niños en el aula compitiendo entre sí,  cuál de todos es el mejor y le damos un premio; le enseñamos a vivir lo cuantitativo y que lo cualitativo no interesa.

El sistema educativo actual está organizado para incentivar la confrontación entre los seres humanos, se utiliza la comparación y la lucha de egos al premiar al más fuerte y castigar al más débil.

Ese sistema comparativo, de comparar seres humanos, genera tensión y una lucha tremenda, que después se vive en la sociedad todos los días.

Por esto es que hoy se dice que la educación está en crisis, en las escuelas se viven los conflictos y la violencia.

El Derecho Educativo piensa que esta crisis es una oportunidad que te está mostrando un sistema que ya no es funcional.

Que aparece esta crisis porque es el momento de dejar a lado estos viejos paradigmas.

Si cambiamos la forma pero no el fondo, todo seguirá igual.

Estamos transformando la educación, pasando de una educación orientada al tener por una educación orientada al “SER”, una educación que solo tenía en cuenta el hemisferio izquierdo de las personas, por una educación que tiene en cuenta el hemisferio derecho.

Cultivemos desde hoy esta nueva semilla en la educación.


EL DERECHO EDUCATIVO EN EL CAMBIO SOCIAL

17 julio 2019

Para construir este cambio en la sociedad actual debemos lograr que las escuelas vayan más allá de su misión tradicional y que los miembros de la comunidad escolar participen y se involucren con la actividad educativa.

                Dado que cada vez más niños no reciben una educación espiritual y emocional en la vida familiar, las escuelas pasan a ser un lugar principal para buscar y lograr correctivos en la aptitud social de los educandos.

                Además de la preparación de los docentes, la visión que tenemos  de la tarea que debe cumplir la nueva escuela la convierte en un agente natural de la sociedad para asegurar de que todos los miembros de la comunidad educativa aprendan las lecciones esenciales para la convivencia por medio de la práctica del derecho en las normas escolares.

                Esas lecciones parten de concebir un cambio de paradigma que nos lleve a dejar de lado la conciencia egocéntrica que gira alrededor de la individualidad, que todo lo somete a la dualidad para evolucionar y acceder a una conciencia de unicidad.

                Entender este concepto es comprender que los alumnos aprenden mejor en situaciones no competitivas, y que debemos emplear la colaboración y la ayuda mutua para erradicar la individualidad y la competencia del ámbito escolar y social.

                Debemos experimentar evitar toda competencia, no debemos compararnos con los otros, debemos aprender a tener la suficiente autoestima para poder crecer como persona y alcanzar la convivencia.

                La competencia es desigual, frustrante y no permite nuestro desarrollo y entender que somos seres únicos e incomparables.

                Históricamente las normas fueron concebidas para las relaciones humanas como una herramienta idónea para la convivencia, pero la actitud de los seres humanos, fueron tergiversando la naturaleza intrínseca de las mismas, alejándola de la empatía y del amor.

                Todos juntos debemos aprender que no tenemos que buscar afuera los valores, ya que están en nosotros mismos y con su descubrimiento lograremos nuestro crecimiento personal y la interacción con el otro que es parte de nuestro ser.

                En el día a día de la convivencia en la escuela debemos aprender a poner límites al afán de querer cambiar a los demás según nuestros propios criterios, a creernos dueños de la verdad y capacitados para corregir, para sancionar o para condenar.

                Para ello debemos practicar la aceptación, comprender que la realidad es como es y no como yo quiero que sea, que las personas sean como son y debo ser tolerante con ellas. En definitiva que en nuestra vida escolar debemos propender a no juzgar.

                La escuela hoy debe convertirse en un agente natural de la sociedad para que la comunidad educativa aprenda a participar y aprender a ser responsable de sus acciones y del cumplimiento de lo acordado en las normas que crearon o reformaron en la sociedad escolar.

                Es propio del momento actual el echar culpas y “lavarse las manos” en vez de asumir las responsabilidades que nos cabe como personas libres. Se nos enseñó que una elite superior (funcionarios, directivos etc.) debían pensar, crear y hacer las normas; al participar entenderemos que somos los creadores de nuestra propia realidad, recuperamos el poder que delegamos en otros y la responsabilidad se retrotrae a su lugar originario: ¡Nosotros mismos!

                El Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (PDECE) se desarrolla en la tarea escolar diaria, por medio de la formación espiritual y emocional, experimentando la libertad en la práctica de la elección y el consenso para la realización de los acuerdos y normas de convivencia.

                Debemos volver a la escuela (Principio de la educación para toda la vida) para aprender junto a nuestros hijos, que debemos responsabilizarnos de nuestras acciones, del cumplimiento de lo acordado, que no necesitamos que otras personas ajenas a la comunidad escolar nos indiquen que conducta vamos a observar, o que necesitemos de vigilancia control y castigo para el cumplimiento de las normas que hemos aceptado y creado.

                Tenemos que aprender que la “no violencia” nace de no imponer absolutamente nada a nadie, que el sistema generado de miedo debe desaparecer, que la sanción es la ausencia de la concientización y que daña la inteligencia emocional y espiritual del ser humano.

                En definitiva el cambio social que proponemos es experimentar entre todos los integrantes de la comunidad educativa un cambio de conciencia, dejando de lado el egocentrismo y la dualidad que nos impone nuestro sistema de creencias.


EL DERECHO EDUCATIVO Y EL EGO

4 julio 2019

El “SER” se manifiesta en la unidad o en la dualidad.

Estamos atrapados por un sistema de creencias, por una forma de ver y comprender la vida.

Para el mundo dual, aquel que vemos la vida como que tuviera dos extremos y no movemos en una u otra dirección, todo lo interpretamos como si fuera opuesto: el bien del mal, redondo o cuadrado etc. En este mundo que todo lo ve separado, el ego tiene su importancia y se le otorga un lugar de privilegio.

Los juicios son el elemento principal del ego, hacer sentir culpable al otro, es el primer mandamiento del ego; se alimenta del conflicto y de la lucha.

En numerosos documentos anteriores hemos manifestado que era necesario erradicar de las escuelas definitivamente la “culpa”. La culpabilidad no sirve para nada, te atrapa con el miedo, es un sentimiento de odio sobre sí mismo.

El ego siempre vive de los derechos y poco de los deberes. Siempre está evaluando a los demás y culpando. No se responsabiliza, constantemente se excusa.

Perpetuamente el ego está en busca de problemas y si no los encuentra los crea, es la oportunidad para decirle a los demás lo que deben o no hacer, constantemente está en la depresión y la ansiedad. La depresión es la máxima del egocentrismo; y se da en forma constante por algo que quiere tener u controlar.

El ego opina sin saber, supone sin fundamento, proyecta inseguridad y ansiedad, siempre ve el lado oscuro de las cosas, su mayor afán es la critica y negar las virtudes; lo primero es el sacrificio, que es una forma de manipular a los demás.

Al ego le encanta el pasado, para proyectarse en el futuro, utiliza el “pobre de mí” -la victima- para vengarse y justificar su reacción, especialmente la ira, se alimenta de la tensión, de historias de dolor; del miedo; del sacrificio; del sufrimiento; con todo ello capta la atención. Constantemente está en la comparación.

El ego en todo momento utiliza la critica porque pretende sobresalir. Cuando alguien critica a los demás, su crítica habla más de él que del otro.

Todo esto nos demuestra que en el mundo dual las polaridades se complementan; por lo tanto, no puede vivir una sin la otra.

Cuando diferenciamos estamos dentro del ego; y las personas que están en este sistema de creencias piensan que los demás tienen que hacer algo, que ellas quieren que ocurra. Esta gente cree más en las cuestiones trágicas y macabras que en las noticias buenas.

No tiene sentido que sigamos en las escuelas con aprendizajes basado en el ego, la coacción y la obligación.

Por ello debemos erradicar al ego de las escuelas, ya que este no quiere cambiar, ni que lo cambien.