LA EDUCACION Y LAS CREENCIAS

26 junio 2019

En la primera infancia, se desarrolla un proceso en el cual los niños incorporan frases, ideas y creencias que provienen de los padres, de la escuela y de la sociedad.

Ese ser libre que somos, nuestro libre albedrio, se ve tutoreado, dirigido, ordenado por otros seres humanos que nos trasmiten su forma de sentir, pensar y hacer.

Esa sumatoria de ideas y conceptos van a ir constituyendo nuestras creencias, a partir de las cuales iremos construyendo nuestras vidas.

Nuestras creencias van a ir definiendo, el lente con el que vamos a observar y percibir el mundo que nos rodea.

La escuela debe trabajar con nuestro “Ser” y enseñar a los alumnos a revisar esas creencias incorporadas a su vida y no contribuir a incorporar nuevas creencias.

Si revisamos esas creencias, iremos sintiendo que son muchísimas las ideas que tenemos gravadas y que no tienen nada que ver con lo que en realidad sentimos.

Es cada vez más difícil ser docente, porque hay que estar muy capacitado para transitar el escabroso camino que va entre educar y el generar las condiciones para el nacimiento de un “Ser” libre e individual.

Una regla que debemos superar es sostener que la cultura se va transmitiendo de generación en generación.

La escuela y los padres quieren que los niños compartan los valores esenciales con lo que fuimos criados y formados nosotros. Pero puede haber valores que sean apreciados de diferente manera por nuestros niños.

Si educamos en el libre albedrio y no con los métodos de la escuela “Prusiana”, no debemos imponer a nuestros educandos, ideas, dogmas y creencias que nos fueron impuestos en el pasado.
En la escuela de hoy, el docente debe estar preparado para ayudar a los niños a revisar sus creencias con mucha apertura, con mucho amor y de esa forma enseñar a vivir mejor.

El docente debe estar preparado para acompañar a los niños a descubrir y darse cuenta en qué medida actuamos basados en satisfacer necesidades y valores que nos fueron impuestos en beneficios de terceros (Ej. Tener, retener y acumular bienes materiales, el consumismo etc.).

La escuela tiene que dejar de ser un instrumento que sirva como herramienta para transmitir creencias basadas en necesidades y valores con lo que coincidimos, porque no sirven ni ayudan al bien común y sirven solamente para apetencias individuales o sectoriales.

La educación debe servir para crecer y evolucionar consciencialmente, esto implica advertir cuales son nuestras creencias, revisando y corrigiendo aquellas que nos complican y no nos ayudan a vivir en comunidad.

El Derecho Educativo debe acompañar a la escuela a plantearse en qué medida está sirviendo hoy, para sostener intereses individuales o corporativos en perjuicio de la comunidad


LAS NORMAS DE CONVIENCIA COMO SOPORTE AMBIENTAL

12 mayo 2012

INTRODUCCION:
La sociedad se rige por un sistema de reglas que permite a hombres y mujeres convivir. Dichas reglas expresan los valores de la gente y explican sus conductas.
Mas de treinta años han transcurrido desde la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, donde el Principio 19 de la Declaración Política de esa significativa reunión, recomienda impulsar procesos educativos sobre el medio ambiente, escolares y no escolares y dirigidos a todos los sectores y grupos de población para fomentar una toma de conciencia crítica sobre los problemas del medio y actuar en consecuencia.
Uno se sigue preguntando por qué la educación ambiental continúa teniendo un lugar tan poco importante dentro de las Escuelas.
No se ha tenido en cuenta hasta el presente su profunda dimensión social, es decir, cívica, de formación de ciudadanía, de participación en los acontecimientos que nos afectan todos los días.
La educación ambiental es un puente natural para construir normas de convivencia que permita vivenciar día a día el proceso de cuidado del planeta.
El tema ecológico representa un gran potencial para favorecer el vínculo entre la escuela y la sociedad. No sólo por tratarse de un tema de creciente importancia en la vida contemporánea, sino para promover compromisos para participar en el cambio social, mediante el desarrollo de competencias para la acción responsable, utilizando las normas de convivencia como el eje motor para conseguir la concientización de la Comunidad Educativa.
Es preciso que el Derecho Educativo en la escuela nos ayude, por medio de la creación de normas de convivencia, a repensar nuestros hábitos y costumbres cotidianos, tanto en lo individual como en lo colectivo, para remodelar nuestras actitudes y comportamientos en tanto sujetos individuales como organizacionales e institucionales.
Las personas aprenden lo que viven y eso exige un mínimo de congruencia entre lo que el Derecho Educativo prescribe por medio de las normas de convivencia y lo que hacemos, pensamos, sentimos y aprendemos diariamente con la práctica de las mismas.
Hay que construir un plan de mejora continua de la calidad de las instituciones educativas, a partir de comprometer a los distintos integrantes de la Comunidad Educativa en la toma de decisiones sobre los asuntos ambientales por medio de los acuerdos de convivencia.
La educación ambiental, debe ser concebida como educación cívica para la formación de ciudadanía; como una educación que implique buscar una mejor relación con el ambiente, pero en el marco de una mejor relación de convivencia entre los integrantes de la comunidad escolar.
Se deberá entender que la educación es formadora de valores y competencias para una sana relación con el ambiente, y que esta educación debe estar plasmada en las normas de convivencia escolar.
La finalidad de los acuerdos será cambiar hábitos e introducir una nueva cultura de convivencia en la vida escolar.
Se debe capacitar a los docentes que encuentren dificultades para relacionar al medio ambiente con los contenidos de la materia que imparten.

LA IMPORTANCIA DEL MEDIO AMBIENTE
El medio ambiente es de vital importancia para los pueblos. En consecuencia, el ser humano tiene que aprender y practicar conductas para conservar ese medio, para aprovecharlo sin destruirlo. Debe conocer cómo mejorar su potencialidad como fuente de recursos, sin crear un daño irreparable.
Esto puede ser plasmado en las normas de convivencia escolar en cuatro actitudes fundamentales:
a) Entender la relación entre la degradación del medio ambiente y las formas actuales de trabajarlo.
b) Conocer su propio entorno y tomar conciencia de lo que significa vivir en armonía con él.
c) Incorporar a la vida cotidiana actitudes positivas respecto del mismo.
d) Ser capaces de utilizar los recursos en una forma adecuada, sin degradar el medio ambiente.

Lo primero es llevar a tomar conciencia de que el deterioro ambiental se debe en mayor medida a las actividades humanas.
Las normas deben resaltar la importancia de promover el desarrollo de valores y actitudes indispensables para la acción desde la escuela.
Se debe reconocer que la participación en la creación de las normas es una opción para atender los problemas ambientales de la comunidad.
Para formalizar los acuerdos de convivencia se debe realizar un análisis de lo que está sucediendo en la escuela; el papel del docente en el aula; el tipo de aprendizaje promovido entre los alumnos; la participación de la comunidad escolar y de los padres de familia, así como las condiciones del ámbito escolar como factor para promover un ambiente ecológico.

ALGUNOS ASPECTOS ECOLOLOGICOS A CONSIDERAR EN LAS NORMAS
La importancia del agua y su uso, y también proponer estrategias para su ahorro y reutilización.
Identificar y anotar los problemas de contaminación del aire que ocurren en su escuela y localidad, tomar en cuenta todo tipo de situaciones: emisiones industriales o de vehículos, presencia de polvo u otros tipos de partículas suspendidas, contaminación biológica, entre otros y proponer acciones para su eliminación.
Evitar las causas de degradación del suelo.
Promover y fomentar en la escuela una cultura ecológica y forestal participativa para preservar e incrementar las superficies arboladas y de pastizales.
Si es posible en la escuela, disponer la construcción de un vivero en donde se apliquen técnicas apropiadas para la producción de planta sana y vigorosa. La producción de plantas puede iniciarse con semillas recolectadas en ambientes naturales.
Determinar en las normas de convivencia que se puede hacer de manera individual y grupal para mejorar las condiciones del aula de clases, la escuela, la casa y la comunidad.
Disponer el control de la energía que se utiliza diariamente y de la basura que se origina en la escuela y la eliminación inadecuada de desechos.

CONCLUSION
En síntesis los acuerdos de convivencia sobre la ecología ambiental deben desarrollar en cada integrante de la Comunidad educativa una ética o normas de comportamiento que lo lleve a:
a) Trabajar por el desarrollo y el uso adecuado de los recursos naturales, evitando o reduciendo la destrucción y contaminación.
b) Buscar el mejoramiento de la calidad de vida para todos, erradicando la pobreza, el hambre, el analfabetismo y la explotación y dominación humanas.
c) Rechazar el desarrollo y crecimiento económicos de una nación a costa de la destrucción y degradación de otra, y el consumo despilfarrador de una minoría a costa de las privaciones de la mayoría.
d) Utilizar la tecnología para la supervivencia de la humanidad alargo plazo.
e) Tener en cuenta las necesidades de las futuras generaciones, cuidando todos los recursos.
Por medio de la participación en los acuerdos de convivencia debemos lograr llevar la educación ambiental más allá del conocimiento (conciencia y comprensión), la formación de valores y actitudes.
En definitiva debería interesarles a los integrantes de la Comunidad Educativa como un proceso activo para reducir y resolver los problemas en contextos reales y específicos; y debería fomentar en el ámbito escolar la iniciativa, el sentido de la responsabilidad y el empeño de edificar un mañana mejor.


EL DERECHO EDUCATIVO Y SUS PILARES FUNDAMENTALES

28 febrero 2012

La nueva visión del Derecho Educativo descansa sobre los siguientes pilares fundamentales:
1) Legitimación del derecho usando la escuela como laboratorio social.
2) Formación ciudadana democrática para todos los integrantes de la comunidad educativa.
3) Creación de normas de convivencia escolar basadas en valores fundamentales y no negociables; reconocidos internacionalmente.
4) Práctica diaria de la Cultura de Paz.
5) El reconocimiento constante del “otro”, con empatía y sin discriminación alguna.
6) La participación permanente y continua de toda la comunidad educativa.
7) La creación y práctica de normas educativas basadas en un derecho abierto y en continuo cambio.
8) Una vida escolar comunitaria que garantice la igualdad, la libertad, la justicia, el pluralismo, a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad educativa.
9) La defensa de los valores culturales locales, frente a la globalización.
10) El permanente sostenimiento de todos los derechos humanos reconocidos internacionalmente.
11) La protección de las niñas, niños y adolecentes como sujetos integrante principales de la comunidad escolar.
12) Una disciplina escolar basada en la concientización de los actores sobre el bien común.
13) La aplicación de una justicia integradora y no sancionadora.
14) Una organización escolar estructurada en la participación e integración fraternal de todos los integrantes de la comunidad escolar.


EL DERECHO EDUCATIVO EN EL CAMBIO DE PARADIGMA ESCOLAR

16 febrero 2012

Las características de los niños y niñas de hoy, no solamente denotan cambios en su excelente capacidad cognitiva, sino que también han transformado sus percepciones en todos los ámbitos, destacándose su agudo nivel de empatía y la posesión de una sorprendente apertura psíquica y espiritual, cambios que no son canalizados correctamente a nivel familiar ni escolar

I.- Otros niños, otra pedagógica, otro derecho

Es por ello, que hoy se necesita más que nunca, de una capacitación especial de padres y profesores; esta capacitación debe realizarse en forma urgente en la propia escuela, por medio de la práctica diaria de la convivencia, basada esta, en normas que contengan los valores fundamentales y que sean creadas, reformadas y aceptadas por toda la Comunidad Educativa, mediante su efectiva participación democrática.
El derecho debe acompañar a la nueva escuela, como instrumento principal de las interrelaciones subjetivas, acomodando su perfil en el nacimiento de una nueva humanidad, en la creación de un nuevo derecho, que acomode sus normas de convivencia a características especiales basadas en la expresión del sentimiento y no en su represión, normas de conducta cuya motivación sea el cimiento de la solidaridad y el amor; y no la competencia, la confrontación y la agresión.
Los fines a conseguir por medio de las normas del nuevo derecho deben ser el bien común, la ética, y la paz, erradicando definitivamente todo objetivo egoísta, dañino e inmoral de la Comunidad educativa y por lógica de la unidad escolar.
John White, miembro de la Asociación Antropológica Americana plantea que: “Se está perfilando una nueva humanidad, que se caracteriza por una psicología ya modificada”; eso se trasluce en que tenemos en nuestra casa y/o en el aula, a un niño/a cuyo aparato sensorial y emocional ya es más sensible; por lo que es capaz de percibir espectros energéticos y cognitivos que a veces el mismo adulto no percibe. Es por esto, que el mencionado investigador habla de un giro de la humanidad en su conjunto y lanza la posibilidad de la aparición del Homo Noeticus, el hombre de conciencia.
Es basada en estas transformaciones que proponemos que el Derecho Educativo elabore en cada ámbito escolar un programa especial que denominamos “Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (P.D.E.C.E.)” con el objeto de activar diariamente la concientización de la Comunidad Educativa y tendiente a que la misma elabore y experimente sentimientos y pensamientos propios basados en valores genuinos, que conformen normas de convivencia sostenidas por el deseo del bien común y dirigidas a privilegiar la cultura de paz; y que su realización se formalice por medio de la aceptación de todos y el deseo ferviente de no querer imponerle al otro sus razones, sino que las normativas se basen en el respeto a los sujetos que integran el ámbito escolar y comunitario.
Es decir que si llegamos a la conclusión de que las características de los niños/as de hoy, no son solamente sus altas capacidades cognitivas, sino que contemplamos también sus amplias percepciones en todos los ámbitos, sus agudo nivel de empatía y sus sorprendentes aperturas psíquicas y espirituales.
Al mismo tiempo observamos una capacidad que los hace capaz de comprender y experimentar los sentimientos y pensamientos de los otros; sorprendiéndonos que puedan ver los diferentes aspectos de una misma cosa y también el contenido multidimensional de la misma, ha llegado el momento de pensar y concebir una pedagogía nueva destinada a ayudar al educando a desplegar una motivación solidaria y amorosa, no competitiva ni agresiva, al mismo tiempo que logre un sentido de identidad inclusiva-colectiva, no aislada-individual y también aptitudes que sostengan propósitos benevolentes y éticos, eliminando en las escuelas aquellas conductas dañinas, violentas e inmorales.
Es precisamente a esa “nueva pedagogía”, a la que debe apuntalar el derecho en las escuelas, formando normas de convivencia basadas en principios y valores no negociables, que surjan de una Comunidad Escolar consustanciada por una visión especial del Derecho Educativo, y lograda mediante el desarrollo del plan especial que venimos propiciando en nuestros documentos.

II.- La transformación del Derecho y la Escuela El Derecho Educativo emplea a la escuela como un laboratorio social, para procurar la legitimación del derecho; y la escuela debe emplear al derecho para concientizar a toda la Comunidad Educativa –no solamente a los alumnos- de una participación democrática activa en la conformación y aplicación de las normas de convivencia escolar.
Pero para lograr este objetivo, primero el derecho debe ser transformado en su visión y concepción.
El derecho debe dejar de ser represivo, basado en el miedo al castigo para lograr su cumplimiento. Precisamente el derecho fue perdiendo legitimidad y consenso en la sociedad, a medida que los preceptos impuestos querían manipular la conducta de las personas, por medio de la sanción o el soborno, produciendo en ellas una resistencia, al ser obligados a obedecer una disposición autoritaria, impuesta por otros sujetos, sin su participación ni aceptación, y que tampoco se basaba en valores fundamentales ni estaban destinadas al bien común.
El derecho en el laboratorio escolar debe ser conformado y aceptado por todos los integrantes de la Comunidad Educativa, que tiene necesariamente que participar y tener conciencia plena de que las normas de convivencia que se pone en vigencia en el ámbito escolar, deben ser respetada por su perfil especial, y que la mismas tienden a lograr, el bien común de todas y cada uno, de los sujetos que integran la comunidad escolar.
Si como expresamos anteriormente la “nueva humanidad” no se va a conformar en un Homo Sapiens, sino en un Homo Noeticus (hombre de conciencia); debemos trabajar para lograr que el nuevo derecho se base en la conciencia de su acatamiento y no en el cumplimento por miedo a la sanción.
Para poder lograr esta transformación del derecho debemos estructurar u plan especial (P.D.E.C.E.), para implementar en las escuelas la formación futura de una Comunidad Educativa concientizada en hábitos de aceptación y respeto por el otro y de confianza en solucionar sus diferencias por medio de la negociación, escuchando y comportándose como una persona que sabe estimular al prójimo y dar amor.
Para conseguirlo, lo primero es organizar el ámbito escolar de tal forma que todos y cada uno de los integrantes de la Comunidad Educativa puedan participar de la actividad diaria escolar, involucrándose en la misma, interesándose por el centro escolar, y que cada integrante de esa comunidad, docentes, alumnos, padres, no docentes, ex alumno etc.; esté preparado para comprender que lo único valedero para alcanzar los objetivos de bien común es conseguir vencer los obstáculos que se presenten por medio de la negociación permanente y continua.
También es necesario consignar que para lograr trasformar nuestra conducta actual, debemos comprender y practicar concientizarnos que es necesario eliminar hábitos de culpar al otro, de quejarse, de criticar, de insistir, de amenazar, de castigar o sobornar al prójimo. Estos malos hábitos lo debemos trasmutar por hábitos de aceptación y estimulación de los otros integrantes de la comunidad escolar; debemos aprender a escuchar al otro y respetar sus ideas, no discriminando y apoyando el bien común y confiando siempre que podremos solucionar nuestras diferencias por medio de la mediación.
Todo estos hábitos deben estar aprendidos y practicados, formando una conciencia clara en todos los integrantes de la Comunidad Educativa, antes de que se plasme el nuevo derecho en las normas de convivencia escolar, con la participación y aceptación de todos y cada unos de sus integrantes.

III.- Conclusión Es nuestra propuesta que el derecho se emplee en la escuela como un soporte principal de cambio de conciencia y hábitos destinados a formar una nueva humanidad, lejos de los vicios actuales que desencadenan violencia y frustración en la comunidad mundial.
Es nuestro anhelo que este plan de cambio en la pedagogía y en el Derecho Educativo se lleve a cabo en todas las comunidades y escuelas, realizándose talleres y cursos de perfeccionamiento, cuyos objetivos sean la concientización de los docentes, padres y adultos de la necesidad del cambio y la transformación, para lograr en definitiva que por medio de la escuela se permita en forma inmediata que los nuevos niños/as se les brinde una educación acorde a su alta sensibilidad física y emocional, atendiendo en forma especial su aspecto social, ético y espiritual.


Convivencia Escolar y Formación Ciudadana

1 noviembre 2011

En el marco de transformaciones de nuestra sociedad, se demanda a la escuela poner énfasis en la convivencia escolar democrática, entendida como una oportunidad para construir nuevas formas de relación inspiradas en los valores de autonomía, diálogo, respeto y solidaridad. Es decir, si pensamos en una escuela que brinda a sus alumnos y alumnas, a sus docentes y no docentes, oportunidades para expresarse, participar, decidir y ejercer responsablemente su libertad, dictando la normativa de derecho que los rija; dispondremos de una plataforma de formación de extraordinaria potencialidad, que estará apoyando a los estudiantes en su búsqueda de identidad e integración social, en la definición de sus proyectos de vida, en el logro creciente de su autonomía y en el desarrollo de actitudes jurídicas, a través del ejercicio del Derecho Educativo.

La convivencia consiste en gran medida en compartir. Y a compartir se aprende: a compartir derechos y deberes, tiempos y espacios, logros y dificultades, proyectos y sueños. El aprendizaje de valores y habilidades sociales, así como las buenas prácticas de convivencia basada en el respeto mutuo de lo reglado, son la base del futuro ciudadano en una cultura de país animada por la construcción de proyectos jurídicos comunes. Y ese aprendizaje tiene lugar importante en la experiencia escolar. Hay espacios especialmente privilegiados, como el del Consejo de Curso, en que se espera que los alumnos y alumnas desarrollen hábitos de debate respetuoso; de utilización del diálogo para resolver discrepancias; de búsqueda de consensos y de asignación de responsabilidades para realizar proyectos normativos; de confluencia de conductas, esfuerzos y eficiencia en pro del bien común.

Hay que tener presente la influencia que ejerce en la calidad de la convivencia y en la formación jurídica, la metodología utilizada en clases por los docentes: ella puede contribuir en forma decisiva a la legitimación del derecho, al respeto de lo normado, a la estimulación del pensamiento crítico, a destacar la importancia que tiene la fundamentación de las posturas personales y el respeto por las posiciones diferentes, a ejercer prácticas de autoevaluación, a desarrollar capacidades de análisis y a la utilización de un lenguaje correcto y preciso para expresar un pensamiento, y tantas otras competencias que favorecen la dignidad de las interrelaciones.

Cabe destacar la incidencia que tiene el Derecho Educativo en la calidad del clima escolar. El desarrollo cognitivo se ve ciertamente favorecido por la práctica de los valores de respeto, tolerancia y colaboración, así como por la calidad de las habilidades sociales de alumnos, alumnas, docentes, nodocentes y, en general, de todos los miembros de la comunidad educativa. Los ambientes en que están presentes la agresión, la intolerancia y la violencia, se ven cargados de distractores emocionales que interfieren significativamente en los procesos de aprendizaje y en el desarrollo de habilidades y destrezas.

La protección del clima escolar requiere de una reflexión sobre la importancia del derecho en las relaciones humanas y en la organización de la escuela. La estructura jerárquica tiene una función ordenadora para la acción, y se fundamenta en los valores asignados a la experiencia, al conocimiento y competencias que confieren autoridad y que se relacionan con la responsabilidad normativa asignada a los diferentes roles. Los estudiantes crecen en una comunidad así estructurada, y en ella aprenden a valorar la jerarquía y a relacionarse con ella, comprendiendo la importancia que ella tiene para la eficacia de la gestión y para la definición y realización del bien común. Un clima escolar de paz se ve fortalecido cuando las normas, validadas por la comunidad escolar, son cumplidas; cuando las autoridades son respetadas y cuando las discrepancias, inquietudes o reclamos son formulados con respeto a través de los canales de participación formales que establece la organización de la comunidad.

La experiencia nos permite afirmar que la calidad de la normativa de convivencia favorece la calidad de los aprendizajes. Es así que el gran objetivo de lograr una buena calidad de convivencia va a incidir significativamente en la calidad de vida personal y común de los estudiantes, va a ser un factor de primera importancia en la formación jurídica para la ciudadanía y va a favorecer las instancias de aprendizaje cognitivo, mejorando logros y resultados.

Hay que destacar, por otra parte, que la calidad de los aprendizajes cognitivos, así como el desarrollo de la creatividad y de la capacidad de gestión, son factores que a su vez otorgan un nivel enriquecido y mejorado a la formación del espíritu jurídico: en efecto, ésta no constituye solamente un aprendizaje de prácticas de formas de participación, derechos respetados, calidad afectiva de las relaciones, solución de conflictos. Estas prácticas de la vida en común —para que constituyan una verdadera cultura cívica— deben ser alimentadas por conocimientos, comprensión de argumentos, competencias lingüísticas, interpretación de los hechos y derechos, capacidad de análisis y de formulación de conclusiones propias. Los aprendizajes, en todas sus dimensiones: cognitiva, ética y socio afectivo, son la base de la formación jurídica.


Un derecho educativo transformador

30 septiembre 2011

La escuela actual es en general o conserva en particular una característica autoritaria, jerárquica, no dialogante, poco participativa; tiene una práctica que poco facilita una educación en derechos humanos. Se necesita construir, aunque sea en un proceso lento pero sostenido, una cultura escolar distinta. Esta Escuela debe propiciar una cultura de la comunicación, en donde padres, maestros, docente auxiliar, administrativo y alumnos se integren en espacios de diálogo para expresarse, comprenderse, aclararse, coincidir, disentir y comprometerse con su proceso educativo y desarrollo, tanto personal como social. En esta nueva escuela debe valorarse el saber universal y sistemático, pero a la vez el conocimiento la realidad que tengan los alumnos. Solo en un espacio democrático podemos aprender y vivir para la dignificación del ser humano y el respeto de sus derechos.
Resulta habitual pensar a la escuela como la encargada de formar al ser humano en lo cognitivo o intelectual, en tanto que quedaría reservado para la familia la formación afectiva. Sin embargo, en la actualidad ello se torna discutible, puesto que la persona debe ser formada integralmente y muchas veces la escuela debe asumir también el papel que la familia –por distintos motivos- fue dejando de cumplir.
Surge entonces la necesidad de una educación en valores, que puedan servir a los niños, adolescentes y jóvenes, como referencia para la construcción de su propio proyecto personal de vida, integrándose a las demandas del contexto social y cultural.
La educación en valores se fundamenta en el respeto mutuo del rol del docente, del alumno y de la familia. Requiere las revalorizaciones de la figura del docente y el desarrollo de un código de actuaciones (normas, propuestas de acción) previamente consensuadas y aceptadas.
Para promover una nueva escuela es necesario contar con un Derecho Educativo orientado hacia la equidad y calidad, cuyos objetivos a lograr sean: la educación intercultural, educación en conocimientos y habilidades para la vida, educación para la convivencia y la paz, educación para la equidad y para superar las barreras de aprendizaje en las necesidades educativas especiales.
Como expresara Hans Kelsen: “El Derecho es por esencia un orden para preservar la paz”. La idea de derecho, por lo consiguiente, va unida al concepto de paz de modo que su justificación debe fundarse en el conjunto de instrumentos existentes relativos a los derechos humanos en el orden nacional e internacional.
El derecho por lo tanto, está llamado a ser un actor principal en el desarrollo educativo, y siguiendo al Dr. Fernando Martínez Paz podemos decir que uno de los fundamentos claves de la política educacional es el fundamento jurídico; y que este fundamento junto a las del Derecho Educativo constituyen elementos estratégicos en todo proceso de transformación educativa.
En este punto –como tantos otros- vamos a seguir la doctrina establecida por el prestigioso jurista Dr. Fernando Martínez Paz, cuando entiende que para que el Derecho Educativo pueda cumplir una tarea importante en una política transformadora de la educación, es conveniente tener en cuenta los siguientes presupuestos y tareas:
a) Que al Derecho Educativo se lo considere como un complejo normativo abierto que responda a las necesidades de una sociedad en transformación y en busca de nuevos modelos culturales, entre ellos los jurídicos-educativos. Es preciso superar, entonces, las concepciones que ven en el derecho un sistema jurídico cerrado y sin posibles contactos con la realidad.
b) Que el Derecho Educativo forme parte del proceso social global, en el que la educación tiene un papel estratégico, y no sea una “legislación escolar” fragmentaria, interesada solo en responder a las cuestiones o conflictos internos de las instituciones educativas. Se trata de no identificar al derecho con los procesos de gestación de leyes aisladas, que suelen ser un obstáculo para los cambios y el desarrollo de la educación y los sistemas escolares.
c) Que el Derecho Educativo forme parte del mundo jurídico multidimencional, considerado como una red de relaciones complejas que se desprende de la relación básica “hombre-sociedad-cultura-derecho”. En el caso del Derecho Educativo, también son elementos clave los fundamentos antropológicos, sociales, culturales, éticos, y jurídicos de la política educacional, por cuanto configuran una relación específica entre el derecho y la educación.
d) Que sea el complejo de normas que regule los procesos educativos y sus instituciones, pero inserto en un mundo jurídico dinámico, coherente y vital, donde se reconozcan los derechos fundamentales (derechos humanos) en materia educativa a los padres, a los docentes, a los alumnos y al Estado.
e) Que este complejo normativo sea un derecho configurador de espacios sociales y políticos de libertad para la iniciativa y la participación creadora, no solo un instrumento coactivo de control social. Es decir, que ofrezca garantías reales a las libertades jurídicamente protegidas –que no siempre se conocen o utilizan- y que identifiquen con claridad las necesidades sociales que debe satisfacer y los derechos que garantiza.
f) Que desempeñe con eficacia su tarea social legitimadora organizando el poder social de la educación, distribuyendo el poder de decisión (político, económico y jurídico), fijando reglas de competencia, otorgando atribuciones y garantizando la justicia y la libertad.
g) Que se valore al Derecho Educativo como uno de los factores clave del cambio educativo, para lo cual es necesario rechazar dos concepciones. En primer término, la idea mítica de la ley, según la cual su mera promulgación produce un cambio educativo; es una idea que aparece unida a alguna tradición de la “legislación escolar” y de la política jurídica argentinas. Y segundo lugar, aquella que cree que las normas jurídicas no son instrumentos idóneos y eficaces para promover o acelerar los cambios sociales.
h) Que se tengan en cuenta sus importantes responsabilidades sociales, por cuanto configura y garantiza nuevas condiciones de vida. El derecho no solamente regula la conducta en situaciones existentes en la realidad, sino que también crea proyectos de convivencia capaces de organizar el futuro y orientar las expectativas, las actitudes y los comportamientos.
i) Por último, que todos estos presupuestos y tareas estén apoyados en una ética jurídica configurada por el conjunto de principios, valores y criterios éticos-jurídicos articulados de una manera práctica y eficaz con las situaciones históricas concretas y con los complejos problemas de las sociedades contemporáneas.
Para determinar el valor y la importancia del Derecho Educativo en el mundo jurídico de hoy el Dr. Fernando Martínez Paz –con su visión extraordinaria- expresa que la voluntad ética que anima al derecho debe entenderse como una fuerza social que lucha por las justicia y que debe culminar con el reconocimiento jurídico de todos los principios y derecho humanos para todos los pueblos y que no debe ser concebido como una fuerza simplemente individual.
Para terminar con este punto sobre la importancia actual del Derecho Educativo, no hacemos eco de lo aconsejados por este prestigioso doctrinario respecto a la necesidad imperiosa de incorporar al currículum de las instituciones educativas el fundamento jurídico, en el que se aborden la reflexión, el análisis y la investigación sobre el significado del Derecho Educativo como uno de los elementos estratégicos para la construcción de un mundo jurídico complejo y multidimensional.


El derecho como eje central de la convivencia

29 julio 2011

Entendemos por convivencia escolar la interrelación entre los diferentes miembros de un establecimiento educacional, respetando las normas que de común acuerdo aprueban y que tiene incidencia significativa en el desarrollo jurídico, ético, socio-afectivo e intelectual de la institución educativa y no se limita a la relación entre las personas, sino que incluye las formas de interacción entre los diferentes estamentos que conforman una comunidad educativa, por lo que constituye una construcción colectiva y es responsabilidad de todos los miembros y actores educativos sin excepción.
El Artículo 2º de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206 reconoce que la educación es un bien público y un derecho personal y social que el Estado debe garantizar. Esto es complementado por lo dispuesto en el Artículo 8º de la mencionada ley, que expresa: “la educación brindará las oportunidades necesarias para desarrollar y fortalecer la formación integral de las personas a lo largo de toda la vida”. Es precisamente por medio de la convivencia en la comunidad educativa; por la conformación de sus normas y por la práctica de las mismas, que se puede lograr esa “formación ciudadana” que prescribe el inciso “c” del Artículo 11º de la Ley 26.206; esta formación –agrega el artículo e inciso consignado- tiene necesariamente que estar “comprometida con valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacifica de los conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural”.
Esto valores que marca la nueva Ley de Educación Nacional, deben ser introducidos en la institución educativa por medio del derecho que regule, favorezca y articule la participación de los distintos actores que constituyen la comunidad educativa: directivos, docentes, padres, madres y/o tutores, alumnos, ex alumnos, personal administrativo y auxiliar de la docencia, profesionales de los equipos de apoyo, cooperadoras escolares y otras organizaciones vinculadas a l institución escolar (Artículo 124º Ley 26.206).
Para ello, todos lo integrantes de esta comunidad educativa deben definir su código de convivencia (Artículo 123º inciso “i”), interviniendo en la elaboración de su normativa y aceptándola en su integridad, tomando conciencia de la importancia de las normas para la convivencia diaria de todos los sujetos que integran la comunidad y por último tomando el habito de desarrollar practicas de mediación que contribuyan a la resolución pacifica de los conflictos (Artículo 123º inciso “j”).
Para la Ley de Educación Nacional 26.206 es tan importante la formación de la comunidad educativa por medio de la convivencia en la institución educativa, que prescribe conductas a seguir por los distintos actores que integran la comunidad escolar, teniendo como constante que esta convivencia se realice mediante el respeto constante de los principios y valores que contengan las normas de interrelación comunitaria elaborada por los propios sujetos comprendidos en las mismas.
Así por ejemplo, prescribe para los docentes como deber el de “respetar la libertad de conciencia, la dignidad, integridad e intimidad de todos los miembros de la comunidad educativa” (Artículo 67º inciso “f”). Como deber de los alumnos el de “respetar las normas de convivencia y disciplina del establecimiento escolar”; “participando y colaborando en la mejora de la convivencia escolar; respetando la libertad de conciencia, la dignidad, integridad e intimidad de todos los miembros de la comunidad educativa” (Artículo 127º incisos “c”, “d” y “e”). También los padres, madres y tutores de los estudiantes tienen –de conformidad a lo establecido en la ley- el deber de “respetar y hacer respetar a sus hijos o representados la autoridad pedagógica del docente y las normas de convivencia de la unidad educativa”; además deben comprometerse a “respetar y hacer respetar a sus hijos y representados la libertad de conciencia, la dignidad, integridad e intimidad de todos los miembros de la comunidad educativa” (Artículo 129º incisos “d” y “e”); para lograr esto los padres, madres y tutores tienen el derecho y la obligación de participar en las actividades de los establecimientos y organismos escolares (Artículo 128º inciso “b”).
Este marco legal que fija la Ley Nacional de Educación 26.206, representa la introducción del Derecho Educativo como eje central de la convivencia escolar en las instituciones educativas. Esta participación normativa debe estar imbuida por principios y valores que marca la misma ley respecto a garantizar la inclusión educativa y la diversidad cultural por medio de la integración de todas las personas incluso aquellas con discapacidad temporal y permanente, sin admitir discriminación de género ni de ningún otro tipo. (Artículo 11º incisos “d”, “e”, “f” y “m”).
La calidad de la convivencia, así entendida, en la escuela, es un antecedente decisivo que contribuirá a configurar la calidad de la convivencia ciudadana, en tanto la comunidad educativa constituye un espacio privilegiado de convivencia interpersonal, jurídica, social y organizacional que servirá de modelo y que dará sentido a los estilos de relación- entre los niños, niñas y jóvenes, futuros ciudadanos del país. Por ello, una de las formas de avanzar en la construcción de una democracia sana y sustentable, es reconocer la importancia del Derecho Educativo como eje principal en el ámbito de la convivencia escolar.