LAS NORMAS DE CONVIENCIA COMO SOPORTE AMBIENTAL

12 mayo 2012

INTRODUCCION:
La sociedad se rige por un sistema de reglas que permite a hombres y mujeres convivir. Dichas reglas expresan los valores de la gente y explican sus conductas.
Mas de treinta años han transcurrido desde la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, donde el Principio 19 de la Declaración Política de esa significativa reunión, recomienda impulsar procesos educativos sobre el medio ambiente, escolares y no escolares y dirigidos a todos los sectores y grupos de población para fomentar una toma de conciencia crítica sobre los problemas del medio y actuar en consecuencia.
Uno se sigue preguntando por qué la educación ambiental continúa teniendo un lugar tan poco importante dentro de las Escuelas.
No se ha tenido en cuenta hasta el presente su profunda dimensión social, es decir, cívica, de formación de ciudadanía, de participación en los acontecimientos que nos afectan todos los días.
La educación ambiental es un puente natural para construir normas de convivencia que permita vivenciar día a día el proceso de cuidado del planeta.
El tema ecológico representa un gran potencial para favorecer el vínculo entre la escuela y la sociedad. No sólo por tratarse de un tema de creciente importancia en la vida contemporánea, sino para promover compromisos para participar en el cambio social, mediante el desarrollo de competencias para la acción responsable, utilizando las normas de convivencia como el eje motor para conseguir la concientización de la Comunidad Educativa.
Es preciso que el Derecho Educativo en la escuela nos ayude, por medio de la creación de normas de convivencia, a repensar nuestros hábitos y costumbres cotidianos, tanto en lo individual como en lo colectivo, para remodelar nuestras actitudes y comportamientos en tanto sujetos individuales como organizacionales e institucionales.
Las personas aprenden lo que viven y eso exige un mínimo de congruencia entre lo que el Derecho Educativo prescribe por medio de las normas de convivencia y lo que hacemos, pensamos, sentimos y aprendemos diariamente con la práctica de las mismas.
Hay que construir un plan de mejora continua de la calidad de las instituciones educativas, a partir de comprometer a los distintos integrantes de la Comunidad Educativa en la toma de decisiones sobre los asuntos ambientales por medio de los acuerdos de convivencia.
La educación ambiental, debe ser concebida como educación cívica para la formación de ciudadanía; como una educación que implique buscar una mejor relación con el ambiente, pero en el marco de una mejor relación de convivencia entre los integrantes de la comunidad escolar.
Se deberá entender que la educación es formadora de valores y competencias para una sana relación con el ambiente, y que esta educación debe estar plasmada en las normas de convivencia escolar.
La finalidad de los acuerdos será cambiar hábitos e introducir una nueva cultura de convivencia en la vida escolar.
Se debe capacitar a los docentes que encuentren dificultades para relacionar al medio ambiente con los contenidos de la materia que imparten.

LA IMPORTANCIA DEL MEDIO AMBIENTE
El medio ambiente es de vital importancia para los pueblos. En consecuencia, el ser humano tiene que aprender y practicar conductas para conservar ese medio, para aprovecharlo sin destruirlo. Debe conocer cómo mejorar su potencialidad como fuente de recursos, sin crear un daño irreparable.
Esto puede ser plasmado en las normas de convivencia escolar en cuatro actitudes fundamentales:
a) Entender la relación entre la degradación del medio ambiente y las formas actuales de trabajarlo.
b) Conocer su propio entorno y tomar conciencia de lo que significa vivir en armonía con él.
c) Incorporar a la vida cotidiana actitudes positivas respecto del mismo.
d) Ser capaces de utilizar los recursos en una forma adecuada, sin degradar el medio ambiente.

Lo primero es llevar a tomar conciencia de que el deterioro ambiental se debe en mayor medida a las actividades humanas.
Las normas deben resaltar la importancia de promover el desarrollo de valores y actitudes indispensables para la acción desde la escuela.
Se debe reconocer que la participación en la creación de las normas es una opción para atender los problemas ambientales de la comunidad.
Para formalizar los acuerdos de convivencia se debe realizar un análisis de lo que está sucediendo en la escuela; el papel del docente en el aula; el tipo de aprendizaje promovido entre los alumnos; la participación de la comunidad escolar y de los padres de familia, así como las condiciones del ámbito escolar como factor para promover un ambiente ecológico.

ALGUNOS ASPECTOS ECOLOLOGICOS A CONSIDERAR EN LAS NORMAS
La importancia del agua y su uso, y también proponer estrategias para su ahorro y reutilización.
Identificar y anotar los problemas de contaminación del aire que ocurren en su escuela y localidad, tomar en cuenta todo tipo de situaciones: emisiones industriales o de vehículos, presencia de polvo u otros tipos de partículas suspendidas, contaminación biológica, entre otros y proponer acciones para su eliminación.
Evitar las causas de degradación del suelo.
Promover y fomentar en la escuela una cultura ecológica y forestal participativa para preservar e incrementar las superficies arboladas y de pastizales.
Si es posible en la escuela, disponer la construcción de un vivero en donde se apliquen técnicas apropiadas para la producción de planta sana y vigorosa. La producción de plantas puede iniciarse con semillas recolectadas en ambientes naturales.
Determinar en las normas de convivencia que se puede hacer de manera individual y grupal para mejorar las condiciones del aula de clases, la escuela, la casa y la comunidad.
Disponer el control de la energía que se utiliza diariamente y de la basura que se origina en la escuela y la eliminación inadecuada de desechos.

CONCLUSION
En síntesis los acuerdos de convivencia sobre la ecología ambiental deben desarrollar en cada integrante de la Comunidad educativa una ética o normas de comportamiento que lo lleve a:
a) Trabajar por el desarrollo y el uso adecuado de los recursos naturales, evitando o reduciendo la destrucción y contaminación.
b) Buscar el mejoramiento de la calidad de vida para todos, erradicando la pobreza, el hambre, el analfabetismo y la explotación y dominación humanas.
c) Rechazar el desarrollo y crecimiento económicos de una nación a costa de la destrucción y degradación de otra, y el consumo despilfarrador de una minoría a costa de las privaciones de la mayoría.
d) Utilizar la tecnología para la supervivencia de la humanidad alargo plazo.
e) Tener en cuenta las necesidades de las futuras generaciones, cuidando todos los recursos.
Por medio de la participación en los acuerdos de convivencia debemos lograr llevar la educación ambiental más allá del conocimiento (conciencia y comprensión), la formación de valores y actitudes.
En definitiva debería interesarles a los integrantes de la Comunidad Educativa como un proceso activo para reducir y resolver los problemas en contextos reales y específicos; y debería fomentar en el ámbito escolar la iniciativa, el sentido de la responsabilidad y el empeño de edificar un mañana mejor.


LOS VALORES EN LOS ACUERDOS DE CONVIVENCIA

23 septiembre 2011

Para cumplir con estos fines, el sistema escolar debe hacerse cargo de todos los factores que inciden en la formación integral de los niños, niñas y jóvenes, incorporando la experiencia de las comunidades educativas, integrando el pensamiento de educadores y académicos.

Desde estas bases conceptuales y empíricas, es necesario examinar qué factores fortalecen y cuáles dificultan el logro de los objetivos señalados. En lo que se refiere a los valores de convivencia y participación responsable y activa en la comunidad, es claro que las prácticas discriminatorias y abusivas, tales como la exclusión, el matonaje, la violencia de alumnos más grandes hacia los más pequeños y otras similares, deben estar ausentes de las comunidades escolares, ya que son obstáculo serio para la formación de personas autónomas, respetuosas de las normas, solidarias y participativas, personas con valores, y habilidades que le permitan convivir íntegramente en la sociedad de hoy.

Mejorar la convivencia social en las escuelas significa asegurar relaciones respetuosas entre los miembros de la comunidad educativa y superar las prácticas discriminatorias. Significa aprender y enseñar a los alumnos y alumnas a desenvolverse en una institucionalidad normada por reglas de derecho consentidas y respetadas, resolviendo los conflictos de manera justa y formativa. Una convivencia escolar así entendida, es la anticipación de la vida social que queremos para la provincia y el país.

Las normas que conduzcan a estos fines deben considerar y proteger los derechos de los estudiantes y de todos los miembros de la comunidad educativa, evitando concepciones reivindicatorias y confrontacionales. La perspectiva del resguardo de derechos debe estar animada por el desarrollo de un sentido de comunidad, de proyecto compartido. De allí surge la responsabilidad por el otro, presente en los valores de solidaridad y colaboración. A la mirada de los derechos hay que agregar también la mirada de la responsabilidad. A la mirada de los derechos individuales hay que agregar también la construcción de comunidad, de proyecto común.

La Política de Convivencia Escolar pretende ser un marco para las acciones que el Ministerio de Educación realice en favor del objetivo de aprender a vivir juntos. Así, esta Política cumplirá una función orientadora y articuladora del conjunto de acciones que los actores emprenden y emprenderán en favor de la formación en valores de convivencia: respeto por la diversidad; participación activa en la comunidad; colaboración; autonomía y solidaridad. Tiene además un carácter estratégico, pues por una parte ofrece un marco de referencia que otorga sentido y coherencia a dichas acciones y, por otra, busca promover y estimular las acciones específicas que vayan teniendo lugar en los distintos sectores.

El diseño de las normas de convivencia escolar responde a la necesidad de fortalecer el desarrollo y logro de los objetivos fundamentales, así como los principios de convivencia democrática, participativa y solidaria que configuran nuestra visión de país.
El sistema de normas de convivencia escolar contiene las orientaciones éticas, valóricas y operativas, que permitirán disponer de un instrumento de planificación efectivamente sistémico, que contribuirá a instalar en la gestión educativa la definición de cuál será la responsabilidad de cada uno de los actores involucrados, concordar y consensuar las orientaciones valóricas que nos inspiran, diseñar en conjunto las acciones que deben llevarse a cabo y definir compromisos compartidos. Es necesario que las comunidades educativas hagan suyos estos propósitos en el marco de su proyecto educativo y que demanden del Equipo Multidisciplinario de Derecho Educativo todos los apoyos y acompañamientos que se explicitan a través de esta propuesta. Estos compromisos sólo podrán cumplirse en la medida en que trabajemos en forma interdependiente, garantizando eficiencia y eficacia en la protección integral de una convivencia sana y estimulante que favorezca el desarrollo de los niños, niñas y jóvenes, tanto en la calidad de sus relaciones interpersonales, como en mejoramiento de los aprendizajes, en su formación jurídica y en el sentido que den a su quehacer y a su vida.

La cultura escolar está configurada por elementos formales, como pueden ser ciertos rituales, definiciones estéticas, rutinas, espacios asignados a determinados objetivos. Pero se configura también a partir de estilos de relación: la presencia o ausencia del afecto en el trato; la manera de abordar las situaciones de sanción; la mayor o menor posibilidad de expresarse que tienen los estudiantes, docentes, apoderados y demás miembros de la comunidad educativa; la apertura de los espacios de la escuela para actividades no programadas de los alumnos y alumnas; la acogida o rechazo que alumnos, padres o docentes encuentren frente a sus propuestas o inquietudes, y así, tantos factores que hacen la vida cotidiana. Todos ellos van dando forma y calidad a la convivencia y serán elementos que incidirán fuertemente en el nivel de pertenencia de los miembros de la comunidad educativa.

La ética nos remite a los valores que la comunidad educativa ha establecido como valores fundamentales en el proyecto normativo. Son los valores que impregnan la misión y visión de la escuela; que configuran la relación entre los actores; orientan los sentidos de la normativa escolar; definen criterios frente a procedimientos de resolución de conflictos. Del mismo modo, es la ética consensuada, compartida, conocida, que unifica y da sentido al conjunto de acciones, saberes y lenguajes a los que los docentes dan vida a diario.
La consistencia ética refiere a la coherencia entre los valores declarados y la vivencia de ellos en el ámbito escolar. En otras palabras, a la coherencia y consistencia entre el decir y el hacer pedagógico.
A través de la convivencia escolar se transmiten modelos —consciente o inconscientemente— a los niños, niñas y jóvenes. Precisamente en las vivencias y expresiones del diario convivir,
La transversalidad de los valores es una cuestión ineludible, puesto que la escuela es el primer espacio público de aprendizajes de códigos de vida comunitaria fuera de la familia. Probablemente la escuela es el espacio en donde el tiempo se transforma en historia y las relaciones humanas allí experimentadas se transforman en modelo de leyes de convivencia social.
La concordancia entre misión-visión del proyecto normativo y el estilo relacional que se promueve al interior de la comunidad educativa constituye un medio y un fin de aprendizaje en sí misma.
La noción de calidad en la convivencia debe concebir la disciplina de un ordenamiento de la vida en común, originada en los valores que identifican a la comunidad educativa y formulada en base a la participación y a la integración. De esa manera, no se trata de adherir la normativa, sino de darle sentido formativo. En ello encontramos las bases de la formación jurídica y de la calidad de convivencia.